Ante esto, Pedro, sin saber lo que decía por el temor que tenían, propuso hacer tres enramadas. Entonces una nube los cubrió y se oyó una voz que decía: -Este es mi Hijo amado; a él oíd-. Al final, todo desapareció y solo quedó Jesús, dejando claro que Él es el centro y a quien deben escuchar.
Esto confirma que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios y que su autoridad y naturaleza divina estaban veladas, pero en ese instante Dios -abre una ventana- para que los discípulos vean quién es realmente.
Aunque los discípulos estaban aterrados y no lo comprendían, el mensaje es que su sufrimiento debe verse a la luz de su gloria.